Las grasas son la forma más eficiente que tiene el cuerpo para almacenar energía y proteger el cuerpo.
Son moléculas parecidas a los carbohidratos en que también están hechas de carbono, hidrógeno y oxígeno. Se almacenan debajo de la piel y alrededor de los órganos internos, y su función es servir como aislamiento térmico y como protección contra golpes.
El cuerpo es capaz de producir todas las grasas que necesita, con la excepción de las famosas Omega 3 y 6.
Entre las funciones de las grasas se encuentra producir membranas celulares, esteroides, sales biliares y vitamina D. También participan en la coagulación de la sangre, inflamación, funciones digestivas y presión arterial.
No tengas miedo a las grasas. Investigaciones recientes empiezan a sugerir que en realidad las grasas saturadas no son tan malas como se creía.
Los estudios sobre sus efectos nocivos se hacían con grasas saturadas e hidrogenadas. Ahora se cree que mientras las grasas hidrogenadas (que se fabrican para hacerlas más resistentes y extender la caducidad de los alimentos) son muy dañinas para el corazón, las grasas saturadas pueden protegerlo.
Esto parece tener sentido: cuando se cambiaron la manteca y la mantequilla por los aceites de cáñamo y de maíz al cocinar, creyendo que era bueno para el corazón, los índices de enfermedades cardíacas aumentaron.

